Chambons en MDQFF2014: Desatormentándonos

Chambons Moreau

Los Chambons despidiendose de Mar del Plata

 

La segunda parte en la breve saga de los chambons en Mar del Plata tiene tintes redentores. La amargura de encontrar intentos pseudoconceptuales donde la palabra “velocidad” es casi un insulto a la inteligencia fue rápidamente contrariada por propuestas propuestas tan interesantes como dispares. Nos vamos felices como siempre, sin nostalgia, pero aguarden a novedades que esto no termina acá.

 

“Lost Soul:The Doomed Journey of Richard Stanley’s Island of Dr.Moreau” (David Gregory, 2014)

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En los albores de los 90s, el sudafricano Richard Stanley era un director incipiente que venía ganando reputación gracias a pequeños films de horror independientes como “Hardware” y ”Dust Devil”. En algún punto de ésta tumultosa década, Stanley (un freak, muy similar físicamente a Frank Miller) escribió un guión de una adaptación de “La isla del Dr.Moreau” de H.G.Wells. La concepción original del cineasta, si bien respetuosa con el material original, tenía agregados revulsivos (una orgía de drogas de los humanimales, un pene arrancado por una mujer-cerdo) que la hacían simplemente infilmable e infanciable para cualquier estudio de Hollywood. Sabiendo ésto, Stanley incurrió literalmente a la magia negra (¿ya mencionamos que era un freak?) con tal que se pudiera realizar su imposible proyecto. Increíblemente y por alguna razón que escapa al entendimiento, New Line Cinema acepta financiarlo y repentinamente Marlon Brando se convierte en el nuevo Dr.Moreau. De allí en más, todo fue caos y absurdo. Brando y Kilmer (conocido por ser un idiota en los rodajes) y las inclemencias climáticas hicieron todo lo posible para sabotear el film al punto que Stanley fue despedido sólo para volver como extra (!) meses después. El rodaje de “Tropic Thunder” era la epítome del profesionalismo al lado de esto.

El documental de David Gregory da a conocer la bizarra historia que rodea a una de las peores películas de todos los tiempos. Los testimonios son desopilantes (gran adjetivo) e incluye material inédito como concept arts, y videos de Nelson de la Rosa (la inspiración de Mini-Me) bailando desaforado. Un gran trabajo de Gregory que no puede ser pasado por alto si quieren conocer el absurdo de la industria desde adentro.

“I, Of Whom I Know Nothing” (Pablo Rigg, 2014)

36 personas se fueron de la sala en 80 minutos de película, siete en los primeros quince, catorce a la media hora, veintitres a la hora. Cuando el único interés en un film es apostar por cuanta gente va a desertar algo evidentemente anda mal, muy mal. Sabemos el discurso: “hay que romper con la forma y estructura de la realización cinematográfica”, “interpelar al espectador”, “industria cultural caca”, “Hollywood malo”, “Relato Aristotélico cacona reaccionaria”. Y hasta un cierto punto lo entendemos, lo que no comprendemos es porque alguien querría gastar su tiempo y dinero en filmar fuera de foco, sin sonido, de espaldas y desencuadrado al octogenario editor de Samuel Beckett. Me van a decir es una alusión a las ideas de Beckett: el sinsentido de la existencia, el eterno cuestionamiento ontológico, el desvanecimiento en la vejez, la absurda idea de ir al cine para ser torturado. Dicen que en Guantanamo tuvo mucho éxito, en el Festival de Mar del Plata no tanto.

“Veinte días sin guerra” (Aleksey German, 1976)

En este festival, decidimos asistir a la proyección de un clásico del cine soviético, reestrenada en el espacio dedicado a su director, Aleksey German, fallecido el año pasado. Al no formar parte de las competencias, podemos decir que pasamos “Dos horas sin Festival de Mar del Plata”, ¡pero qué buenas dos horas pasamos! El film cuenta la historia de un soldado soviético de la Segunda Guerra Mundial que vuelve por veinte días a sus pagos para celebrar las fiestas de navidad y año nuevo. Allí lo encontrará una esposa que le pide el divorcio, amigos que han perdido a familiares y tratan de sobrevivir como pueden la guerra, realizadores de una película sobre la guerra que poco tiene que ver con lo que nuestro protagonista ha visto en el frente y otros personajes que, a pesar de conocerlo, lo tratan como alguien “de paso”, como en un oasis entre el desierto interminable que simboliza la guerra. Poca “acción bélica” se muestra en esta película, el director se enfoca en aspectos más triviales y cotidianos, pero que no dejan de ser igualmente desesperados y angustiantes: el aburrimiento, la intriga, la espera, los sentimientos dedicados a personas que tal vez no regresen, entre otras cosas. Si no la vieron y desean adentrarse en los aspectos cotidianos de las personas que viven la guerra tras bambalinas, la recomendamos.

“Stop the pouding heart” (Roberto Minervini, 2014)

El sur norteamericano puede ser una región interesante para retratar en una producción cinematográfica. Sea a nivel de características culturales que los hacen fácilmente diferenciales del resto de norteamérica, sea por las implicancias de la cercanía con la frontera mexicana, o incluso sea por la correspondencia o no con el estereotipo redneck tan reconocido. Por eso y más, un semi-documental como el que presenta Minervini, que propone un escenario de profundización y humanización extrema en la filmación de las experiencias de una familia tipo de la zona rural de supuestamente Texas. Catolicismo ortodoxo, educación hogareña, perpetuidad de las prácticas de generación en generación son algunos de los ingredientes que podrían componer un relato merecedor de ser observado. Podrían porque no es el caso de “Stop the pounding heart”. El film intenta mostrar la vida familiar sureña con un realismo que rompe con las veloces y atrapantes características estilísticas del cine hollywoodense, pero en su intento, pierde toda posibilidad de atraer al espectador, quien se ve secuestrado y forzado a ingresar a un mundo de reflexiones eternas, soporíferos diálogos, y personajes que sospechamos que van a sorprendernos, pero nunca lo hacen.  Mucha tela para cortar había en la temática, el director decidió reflejar lo que veía, el resultado no es algo atractivo cinematograficamente hablando. Y aún peor, es la superposición de escenas que con fines sugestivos, se pierden en la somnolencia generalizada. Sin entrar en detalles, podríamos mencionar un pasaje ínfimo, donde una cruz en llamas aparece en pleno escenario rural ante la presencia de los personajes del largometraje, y ante el corte abrupto de la cámara, volvemos a la tranquilidad que por un momento, emocionados, creímos haber abandonado. Interesante para observar lo que una familia de dichas características practica, experimenta y vive, sin sobresaltos, sin rupturas, sin tensiones, sin desarrollo, sin desenlace. Tan interesante como quedarse en casa, mirar a su propia familia y ahorrarse la entrada al cine.

“Haemoo” (Sung bo-shim,2014)

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Hace tiempo ya que desde Corea llegan algunas de las mejores propuestas cinematográficas que puedan verse en un festival y con suerte, en el circuito comercial. La opera prima de Sung bo-shim no es la excepción. El film, apadrinado por Boong Jong-Ho (“The Host”, “Snowpiercer”, e invitado de la edición anterior del festival) abarca casi todos los géneros para luego establecerse con éxito en el thriller claustrofóbico. La película narra (con gran ritmo) las vicisitudes de la tripulación de un barco pesquero devenido en contrabandistas de inmigrantes…derivados en asesinos. Lejos de la solemnidad que podría tomar una historia sobre inmigrantes ilegales, “Haemoo” se aproxima a diversas temáticas siempre en clave de comedia negra pero nunca perdiendo la perspectiva crítica en tópicos tan turbulentos como puede ser la violación y la deshumanización política.

Es para destacar la proeza técnica en la realización de las escenas en altamar, Sung aprovechó cada elemento que pueda tener un barco para generar suspense, acción o humor. De las experiencias más entretenidas y gratificantes de la programación de este año.

 

Johnny, Michael y Nick

 

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