Chambons en MDQFF2014: Lluvia de reseñas (parte 2)

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Nuestro invitado de honor,Brendon Chambon, nos trae el capitulo final del Festival de Mar del Plata. Una tormenta de reseñas para su deleite visual. Antes de empezar le dejamos el cortometraje (o spot institucional) que precedía la proyección de los films, el mismo fue realizado por Esteban Sapir (“La Antena”) y es de lo más hermoso que se pudo ver este año.

“Los Muertos” (MEX, Santiago Mohar Volkow, 2014) 

Los muertos es una película de esas que levantan alfombras para ver la mugre de un país. Aquí el crimen, las mafias, la delincuencia, pero sobro todo la estratificación irreparable de las clases. Los protagonistas son unos jóvenes de clase media-alta que se la pasan de fiesta en fiesta, derrochando, perdidos en un vaho de consciencia extasiada. Durante el transcurso del film hay varias caídas (la de una roca que una mujer arroja desde el puente, la del mueble que los pibes lanzan desde la terraza, y la de la chica). Estas parecen ser parte de una estructura narrativa que vuelve a repetir un ciclo. Brillante la banda sonora de música tradicional que nos distancia por momentos, buscando ese contraste que permita reflexionar sin descuidar la estética en su conjunto. Por el contrario la vivifica, le da el color de su país. Es como una película sin máscaras donde se provoca, se muestra lo desagradable de aquellos personajes (el director los comparó con los de Fassbinder y “El diablo probablemente”, la película de Robert Bresson) recordándonos siempre (y principalmente a partir del contacto con los objetos, porque como decía Pasolini, estamos en cierta manera definidos como clase en relación principalmente a los objetos que hemos tenido desde niños a nuestro alrededor) que éstos no han salido de un capullo sino que fueron engendrados por un sistema y arrojados en un pedazo de tierra que desprecian.

Los muertos son varios, o todos, algunos quizá. Ellos no pueden determinarse con la muerte, esto sucede hacia el final de la cinta cuando las madres de la chica muerta y su novio solo pueden (solo ellas) intercambiar el llanto y encontrar empatía. Porque los muertos no parecen cambiar absolutamente nada de las cosas, sino más bien que forman parte de toda esa naturaleza.

“Matar a un hombre” (CHI, A. Fernández Almendras, 2014) Chile D, G: 

Esta película focaliza en el eterno dilema de la justicia por mano propia. En un pueblito al sur de Chile vive Jorge con su familia. Este hombre trabaja en un centro forestal y padece diabetes. Pero hay otro hombre en esta historia que no lo deja vivir en paz: le roba, le dispara a su hijo, intenta violar a su hija. La película muestra la inoperancia de la justicia para actuar en estos casos. Los planos en las varias veces que hace la denuncia muestran un cuadro gigante del presidente Piñera. El plano de costado también lo muestra de frente, como si hubiera dos cuadros; pero es una provocación, una denuncia al neoliberalismo presentada de manera insistente. La burocracia y su absurdo kafkiano comienzan el indefinido camino que lo lleva a Jorge a tomar aquella resolución. El actor Daniel Candia (que interpreta a Jorge) finalizada la función decía que los sufrimientos y el dolor generalmente se llevan internamente, sin la necesidad de andar profiriéndolo a los cuatro vientos. Durante todo el film Jorge muestra esa frialdad externa, ese silencio que cala hondo en las sugestiones hacia el espectador. Jorge intenta matarlo en un principio a sangre fría, pero no puede (recordé el gran monólogo de Woody Allen en “La última noche de Boris Grushenko” cuando a punto de matar a Napoleón se pregunta si realmente un hombre puede asesinar a otro estando solo y encerrado con aquel en una habitación). Recordemos algo: la película se inicia con el bosque de la reserva aplanado en una música tenebrosa; esto no será solo un indicio (el cadáver llegará a esa zona, el cadáver lo perseguirá) sino también la objetivación del espíritu salvaje de un hombre que ha cortado sus lazos con la sociedad: se separa de su esposa, se interna en la más absoluta soledad. Es un individuo que se ha separado de todo porque, claro, ¿hay algo que pueda justificar el hecho de matar a un hombre? Tal vez su decisión no fue lo más inteligente. Y es recién cuando se siente responsable que vuelve a tomar un rol social (el de culpable, condenado, asesino) entregándose a la policía por su propia voluntad.

“Amour fou” (AUT/LUX/GER, J. Hausner, 2014) 

Principios de siglo XIX. En el seno de una familia aristocrática se conversa sobre la nuevas reformas sociales (provenientes de la reciente revolución francesa) El mundo está cambiando y se necesita que todos, incluso los esclavos y campesinos, paguen impuestos de ahora en más; pero para eso habrá que liberarlos, o mejor dicho, para eso habrá que hacerles creer que serán liberados. Este es el fundamento político que aflora a lo largo del film. La nobleza se siente ultrajada por la emergente burguesía. Un poeta se ahoga en reflexiones románticas (debe encontrar un amor con quien morir, literalmente) Henriette (Birte Schnoeink) canta con su hija junto al piano. Más tarde le diagnostican un tumor. Como sabe que va a morir (y como el escritor le ha propuesto a ella el “pacto suicida”) acepta irse con él. Esto parece absurdo pero debemos tener en cuenta la época y la veracidad con que la película retrata las ideas que circulaban en aquel mundo. Y no nos extrañe que varios idealistas románticos terminaran en las más absolutas desgracias. La puesta es brillante. El empapelado hipnótico de las paredes exterioriza los sentimientos de los personajes atormentados y perdidos; la disposición plástica de estos en el cuadro; los colores (primando el amarillo, el celeste y el verde). Es también el descubrimiento (que conlleva también errores) de nuevas zonas que habitan en el interior del ser. Las emociones y los síntomas físicos tienen más relación de lo que se pensaba. En la autopsia al cuerpo de Henriette no se encuentra ningún tumor, se descubre que solo padecía de fuertes nervios emocionales, su muerte ha sido en vano y producto de ideas (por más bellas que fueran) de un mundo pre-moderno. La muerte es síntoma de que las cosas deben cambiar, son las ideas del iluminismo que como todos sabemos terminaran en la racionalidad instrumental de los campos de exterminio. La niña ahora sola y cantando junto al piano representa un tiempo nuevo. Sin embargo el amor seguirá perteneciendo a la dimensión desconocida. “Siento como si estuviera siendo manejada por una fuerza externa” le dice Henriette a su marido “Como una marioneta” “Siento que hay cosas que no pueden elegirse, como el amor”. Pero no olvidemos que alberga un mundo donde se puede permitir amar y reflexionar acerca de ello.

Al finalizar la película escuché a alguien decir que no tuvo emoción, que no pasó nada salvo el asesinato (porque fue un asesinato) del poeta hacia su amada y luego su suicidio (que por cierto fue elidido, nosotros vemos los dos primeros intentos fallidos, como si el destino estuviera agotando sus energías gritándole a la cien lo absurdo de aquella decisión). Esto de la emoción me dejo pensando. ¿Una película complace al espectador siempre y cuando sea emotiva? ¿O debería más bien valerse por su empeño en generar su propia atmosfera? Porque está claro que Amour Fou no sobresale por su emoción, pero justamente se encuentra aquí el sentido de lo que se intenta decir, ese microcosmos Goethiano del hombre que está por estallar, es el reflejo a su vez de un universo (el de la aristocracia) que busca en vano mantenerse frio, modesto e injusto por el resto de la eternidad.

“El resto del mundo” (MEX/ESP, Pablo Chavarria Gutiérrez, 2014) 

Documental que busca junto a una niña el significado de la existencia: sobre un fondo azul aparecen varias preguntas: si se puede ser feliz al morir; Qué es Dios; Papa. Papa es un artesano, mama no está. La relación entre el padre y su hija configuran el resto del mundo. Se muestran las ferias, mercados, una banda sonando (ese primer plano de la chica cantando sobre la contaminación y explotación del ecosistema abre el documental a los problemas políticos y sociales). La niña es entrevistada durante todo el film: le preguntan por su padre, su voz en off entibia la cinta, es la edad de la inocencia, humana y social. La cámara establece un vínculo estrecho con el ambiente de ese pueblito de México. Las calles bajas contrastan con los altos cerros cubiertos por el brillo de la puesta de sol y un manto de nubes.

El segmento sobre el significado de Dios muestra una caravana de fieles (se observa un hombre llevando la imagen de lo que parece ser un líder). Más adelante la caravana pasa a ser de encapuchados que reclaman derechos. Es el momento en el que el documental más se separa de la nena para hacerse cargo de cuestiones políticas, adultas. Cuando la niña se roba un frijol del supermercado lo hace por inocencia, no por política (como la confesión de su padre de que lo que hizo su hija está bien). Esos dos mundos se confrontan en la familia como institución partida. El resto del mundo acusa (moderadamente) al mundo porque sus hijos siguen entrando, y en ellos, solo en ellos, la inocencia parece ser un privilegio.

“Low Tide” (USA/BEL/ITA, Roberto Minervini, 2012) 

“Low Tide” es la historia de un chico (hoy estoy con los niños), historia de iniciación a la vida en un contexto de padres que parecen criarlo como si no existiera. Todo se centrará en la relación con su madre, una mujer alcohólica que solo se dirige al niño para darle órdenes. Pero no es violenta y se presiente además (y apenas) un contacto entre los dos. Es aquí el niño quien da el ejemplo, quien la tapa cuando duerme desnuda, quien la ayuda en su borrachera y con las cosas del trabajo. La cámara jamás se separa del chico, es como un ángel subido a su hombro. Esa falta de afecto se profundizará hacia el final trayendo sin embargo consecuencias positivas que terminarán en el paroxismo de las almas unidas. Low Tide presenta una serie de secuencias de iniciación cruda (el niño pesca, va a un matadero a comprar carne, la madre lo lleva a un bar a ver bandas, en su casa organizan una fiesta y su padre intenta alcoholizarlo, a lo que el niño se niega). Él sabe que existen límites. Otra secuencia justifica su niñez: el juego, cuando rebota varias veces en la cama para caer una y otra vez de alegría. Es la única vez que se lo ve reír. Esta película muestra mejor que ninguna la inocencia como un valor que con el tiempo se pierde, el valor más importante, la fuerza que se opone a cualquier violación del espíritu. El ego, las ambiciones, los vicios, deseos y sentimentalismos comienzan a nublar el camino de los mayores. Aquí la inocencia como una fuerza única que glorifica el alma de un ser humano, el alma de un niño.

“Favula” (ARG, Raúl Perrone, 2014) 

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Raúl Perrone construye un artefacto extraño, una fábula (neo) realista: la marginalidad de los huérfanos, el acoso sexual, la perversidad del hombre, y todo bajo el signo primitivo del cine silente. Lo curioso es que la película no genera por ello cierta nostalgia ni hace retrospectiva de la historia del cine, sino más bien esto parece ser usado aquí como (fiel a los productos postmodernos) un recurso. Es un recurso que se utiliza de una manera absoluta, con el total convencimiento de que se está haciendo cine en la primera década del siglo XX. La banda sonora es literalmente un DJ pasando electro-cumbia durante todo el film. Un ejercicio cinematográfico de gran impronta, donde los daguerrotipos, las superposiciones de cuadros (como capas de tiempos pretéritos) la cadencia perpetua de fundidos, la corta profundidad de campo (con las parras y las hojas de la jungla casi pegadas a la pantalla y los personajes tomados en planos medios y primeros), el blanco y negro que muta permanentemente a un verde claro, y sobre todo un trabajo de gestualidad sobresaliente hacen que Favula sea merecedora de alabanzas. Uno debe asumir en el transcurso de la cinta el abandono real de su contemporaneidad para entregarse a estas imágenes, porque los tiempos son largos, porque estamos acostumbrados no solo a otros ritmos sino también a otras formas de apreciar el arte, y estas películas nos recuerdan algo de lo eterno y de lo efímero que portan (en un mismo instante) las obras.

Recuerdo la película anterior de Perrone, Pendejos. Una película que no me había gustado para nada. Favula sigue en la misma línea, conserva un proyecto al que Perrone parece haberse entregado de lleno. Puede que aquí haya ido un paso más lejos, lo cierto que es un cine (este “nuevo” de Perrone) que probablemente tenga buenas (muy buenas) y malas (pésimas) críticas. Esta vez me la juego por el dedo en alto, por todo lo que he intentado decir de Favula. Una reflexión también, una metáfora distanciada sobre la voracidad y el salvajismo que impera a veces en la ciudad. “Welcome to the Jungle” solía cantar una banda. Aquí hay algo parecido. Pistolas y plantas, paredes degradadas (hermosas paredes degradadas), colchones, maquetas, charcos de agua y rostros, sobre todo rostros que dicen sin decir: una máxima del origen del cine, rostros que dicen sin decir mirando

Párrafo aparte para los diálogos “musicales” de extraño dialecto (como pasados al revés), propio de personajes extraídos de Twin Peaks, ya que estamos con lo Vintage.

“Magical Girl” (ESP/FRA, Carlos Vermut, 2014) 

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Si tuviera que hacer un podio con lo que más me ha gustado del festival hasta la fecha a Magical Girl la colocaría definitivamente junto a Birdman y Gyeongju. Una joyita del cine español contemporáneo que haría sentir orgullosos desde Lorca hasta Fernando Fernán Gómez (probablemente se estén revolcando en sus tumbas, pero de entusiasmo). Una tragedia absurda y llena de sarcasmo, donde imperan el humor, Johann Sebastian Bach, el Anime, el cine clásico negro (film noir), el thriller almodovariano, la picaresca, los mencionados Lorca Y Fernando Fernán, con su extraño viaje hacia las mismas hipostasis del mal y la penumbra. Todo lo que ha dicho el director después de la función es material formidable para enriquecer este relato. Su idea de concebir el guion con una especie de artefacto, donde las causas de cada acción generaran consecuencias nefastas en el acontecer de los hechos, un efecto dominó producido por el carácter (¿irracional?) de cada uno de los personajes. Bárbara (Marina Andruix) es como el núcleo, ella es un retazo de Anime, femme fatale y cultura española. Carlos Vermut decía que a pesar de todo ella estaba basada en su propia experiencia de vida, decía que cuando era niño tenía ideas psicópatas como arrojar a mujeres embarazadas cuando se abrían las puertas de los subtes, o lanzar bebes por la ventana. “Jamás lo haría” asegura, pero la imaginación, dice, lo que importa es la imaginación que no tiene límites (aunque suela tomar a veces caminos tan sinuosos) Otra de las cosas interesantes que dijo es que si bien hay un trasfondo explícito sobre la situación actual política y económica de España, la película denuncia o condena en primer lugar las miserias individuales, que las personas siempre buscan razón superior (en este caso la política) para justificar sus propias irresponsabilidades, esto les permite hacer lo que quisieran, aplastar cualquier tipo de principio y olvidar fácilmente cómo sus causas y sus acciones perjudican considerablemente a otros humanos. Esto es lo que plasma el film y lo dilata en un absurdo cotidiano que presenta a Luis (Luis Bermejo), un padre que haría cualquier cosa por comprarle a su hija de 12 años, leucémica, el vestido (y más tarde la varita) de su magical girl preferida; un jubilado profesor de matemáticas devenido ángel guardián que ejecuta los crímenes más horrendos. Víctimas y verdugos se confunden. Lo triste es pensarlo como reales, lo absurdo es una alteridad de lo real pero que no deja por ello de pertenecer a esta categoría. Se busca lo sublime pero también lo abyecto “Hicimos el Don Quijote pero también cagamos, no?” decía el director. Bárbara además de ser una mujer bellísima representa todo lo prohibidamente deseado que habita en nosotros, a diferencia de que ella se animará a cruzar esa puerta.

Magical Girl asombra por el cruce de historias inhóspitas que se equiparan con tanta vehemencia, con la misma lógica de saber que 2+2 es igual a 4. Como dice la voz off al iniciar la película. Napoleón podría no haber conquistado el mundo y sin embargo 2+2 hubieran seguido siendo igual a 4.

Brillante actuación de José Sacristán en el papel de Damián. La anterior película de este director es Diamond Flash, recomendada a los gritos por el gordo presentador. No quedará otra que salir linkeando a buscarla.

“Voilà l’enchainement” (FRA, Claire Denis, 2013) y “Hill of Freedom” (KOR, Hong Sangsoo, 2014) 

Dos cortos pasados en continuidad por una razón que los asemeja, o mejor dicho una razón de situaciones asimétricas que reflexionan sobre el tiempo y el amor. La primera presenta un tono extremadamente serio. Claire Denis descontextualiza a sus personajes con fondos lisos y oscuros, como si estuvieran en una cabina o en proceso de selección de casting. Un hombre y una mujer han vivido ya su historia, han tenido cuatro hijos pero para el hombre afrodescendiente todo ha sido una excusa solo para que ella tuviera hijos. Se siente un semental, un esclavo. La esclavitud es cuando perdés la libertad de ser vos mismo, dice. La mujer concluye diciendo que antaño sus ojos castaños eran para él ese color preferido en los cuales sentía que sus vidas brillaban, y ahora ha pasado a ser una forma administrativa que tiene que cruzársela por los juzgados, sin poder levantar su vista.

“Hill of Freedom” es un sutil proyecto de comedia dramática que abunda en diálogos y escenas divertidas. Un café (Hill of Freedom) en la bajada del camino, donde se van a cruzar historias. Un japonés ha llegado a Corea en busca de una mujer, pero no la encuentra, entonces comienza a pensar que su viaje no ha sido ni por placer ni por negocios (está sin trabajo). En ese café conocerá a otra mujer que trabaja allí. Con ella vivirá una historia hasta que la otra aparezca. Él ha llegado al país solo con una cosa: un libro llamado El tiempo y que plantea ideas sobre la física cuántica (moderna), la posibilidad de que el tiempo sea irreal y que el pasado, presente y futuro no sean más que una construcción evolutiva de nuestro cerebro. La cronología se distorsiona y el amor viene aquí a ser una experiencia de la discordancia temporal. Es interesante el papel que juegan las cartas también en esta idea de condensar las distancias y los tiempos. Finalmente el hombre encuentra a su amada, pero cuando todo parece ser un Happy end la película (fiel a las distorsiones que presenta el tiempo) no termina. Él no la ha encontrado en verdad. En Voilá ya todo ha pasado, en Hill…pasará todo luego. En el cine convergen estos dos senderos que se bifurcan, dos jardines (espacios) diferentes, uno cerrado sobre sí mismo, el otro abierto a distintos espacios que inducen a pensar en todo el esfuerzo que ha hecho el fuera de campo para llegar hasta ahí. El cine y el amor han sido siempre posibilidad y condición de poner el tiempo al desnudo. Y estos cortos son ejemplo de ello.

“Mechita, entre el cielo y la tierra” (ARG, Mariano Gerbino, 2013) 

Documental sobre el pueblo ferroviario de Mechita. Allá por 1902 el presidente Quintana donó aquellas tierras con la condición de que llevara el nombre de su hija Mercedes. Los planos se suceden como fotografías, un pueblo de 1500 habitantes, un microcosmos de La pampa (que en Quechua es algo así como espacio sin límites) Postales de vagones abandonados como sarcófagos de una edad pretérita, imágenes del Archivo General de la Nación muestran la construcción de las vías férreas. Esto funciona también como propósito de mostrar una evolución en el tiempo, hasta su destrucción en la época de los noventa. Evolución y destrucción. Funciones oximoronicas del fuego. El fuego es aquí protagonista, elemento que conecta cielo y tierra. Todo el final de este bello documental es un homenaje al fuego. Mechita ha renacido del fuego después de la crisis, como el ave fénix

Esta es una historia de hombres que homenajean a sus padres inmigrantes, quienes al llegar a este pequeño pueblo sintieron que sus posibilidades de crecer (y aquí crecimiento tienen que ver con algo ajeno a la competencia del mercado) podían ser ilimitadas, como la extensa llanura pampeana. Otro de los protagonistas principales es el artista Juan Doffo. Es a través del arte como ese pueblo tiene la posibilidad de reivindicarse, de recuperar la dignidad, de renacer. Se muestran imágenes del museo que nada tiene que envidiarle a los del resto del país. La secuencia final de los globos de colores es sencillamente mágica (algunas personas tomaban fotos, algo que nunca había visto en una sala de cine). La mechita ha prendido. El cielo se ilumina, el universo descubre así una señal, una verdadera señal de que el hombre está vivo.

El artista pinta, realiza esculturas con partes viejas del ferrocarril, construye un cristo de metal (inmortal). Realiza una interesante reflexión sobre el hombre y su hábitat a la hora de crear: en esas zonas el hombre es pequeño, es parte de la magnitud cósmica y natural, por lo tanto sus obras desbordan la imaginación, se desarrollan en un lugar donde todo se vuelve susceptible de ser un arte sublime.

“Heaven Adores You” (USA, Nickolas Rossi, 2014) 

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Documental sobre el músico cantautor estadounidense de rock Elliott Smith. Es una historia triste de principio a fin, puesto que el relato no se guarda para el final (aunque todos o casi todos ya lo sepamos) la noticia del suicidio prematuro. Elliott Smith fue hallado muerto con dos puñaladas en el corazón. El documental afirma que nunca se pudo probar que las heridas hayan sido autoinfligidas. Aquí vemos entrevistas a los amigos, a miembros de la banda (Heatmiser) que tuvo antes de hacer una carrera solista. Imágenes sobre el día que tocó en los Oscars (fue galardonado con un premio a la mejor canción original por la película En busca del destino) Y también aparece él en primera persona, hablando para una radio, entrevistado por televisión, en filmaciones de ensayos y videos (genial cuando cuenta sobre el día que le gritaron “sucio” por la calle, él se dirigía a su trabajo con el uniforme blanco de panadero, fue la única vez, dice, que andaba impecable por la calle, y me gritan sucio!)

La vida de Elliott Smith no tiene nada de estrellato, tiene algo más bien de cielo despejado, de la sencillez de un hombre que solo quiso hacer música. Esta sencillez sin embargo es compleja, porque en cada palabra que oímos de su voz, en cada gesto (hasta en cada sonrisa) hay un dejo de pena, de falta de voluntad y entusiasmo hacia la vida ¿De dónde vienen todos esos discos? Entonces uno se pregunta, de donde surgen esas melodías tan bellas y delicadas. Esa actitud ante el proceso creativo. El documental nos ayuda a profundizar en el alma de este artista, y esta ayuda se presenta como un misterio insondable, su música está presente, pero es otro puente, tal vez el más crucial para descubrir quien fue Elliott. Los otros puentes son su infancia, sus trabajos, sus viajes de ciudad en ciudad y sus amigos y familiares queridos. El final muestra el homenaje que le hicieron el año pasado, toda gente convencida (como quien escribe) de que su arte trascenderá el tiempo y su dolor.

Iba a agregar que a la película le falta un poco de fuerza, sobre todo por la falta de canciones rockeras en el repertorio, pero realmente se siente que este trabajo fue hecho con mucha tristeza, y se entiende.

“Listen Up Philip” (USA, Alex Ross Perry 2014) 

Cuando miraba esta película pensaba en Woody Allen, sin por ello perderme la trama. Alex Ross Perry parece un discípulo del comediante neoyorkino, un verdadero discípulo: en esto de contar una historia donde no paramos de reírnos, bajo un cielo de intelectuales, parejas que rompen y vuelven, Nueva York, espacios cerrados e histéricos tomados con cámara en mano, el novelista frustrado, el cruce generacional en la interpretación del mundo.

Philip (Jason Schwartzman) es un escritor que busca a toda costa la legitimación de su figura, es un egocéntrico y arrogante que irá de a poco tomando consciencia sobre su situación hasta internarse en la casa de campo de Ike (Jonathan Pryce), otro escritor de renombrado éxito en la década del setenta y que le ha (el único) elogiado su novela. Ambos se parecen, puesto que éste también tiene un carácter complicado y altivo, y probablemente lo adula al joven porque ya está grande y necesita alguien que le recuerde todos sus logros. Por momentos la película se desplaza hacia el personaje de la novia de Philip, una chica que ya no lo aguanta, que busca ahora iniciar una vida nueva en la cual pueda permitirse ser su propia protagonista y no un personaje secundario (como parecía serlo en la vida del escritor).

El film nos expone las dificultades de escribir en el mundo de hoy, el gran dolor de cabeza que trae el hecho de tener que venderse, de buscar legitimación, aunque sea para conseguir un puesto en un seminario. El problema también de la mente ególatra; pero es ante todo el sistema quien reclama este tipo de convivencia. Todo lo que era o podía ser fuente de placer se transforma en una insoportable infelicidad cotidiana. El cine ha podido hacer de todo esto una divina comedia donde nos reímos para no llorar; porque sabemos que al menos por dos horas nos habremos alejado de la realidad, aunque la sigamos teniendo delante de nuestros ojos.

Hasta la próxima!

Brendon Chambon

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